SARA NOS HABLA DE SUS SENTIMIENTOS Y PENSAMIENTOS
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" AYER LO MATARON......"
 
SARA ALDRETE ESCRIBE ESTE RELATO CORTO.....
Imagen
Fotografía tomada del periodico:
El Norte de Monterrey.

AYER LO MATARON
Sara Aldrete


A veces quisiera como dice julio Cortazar, hacerle el amor a las palabras, y decir puras cosas bonitas, pero aquí las palabras hieren.
Hoy fui a la tiendita del auditorio a comprar huevos; quería comer huevos con tortilla y salsa, lo qué en mi tierra se llaman migas.
Llegué al corredor que conduce a la tienda. Vi algo diferente. Miré hacia la esquina de la explanada del auditorio, que está al aire libre, hacia el triángulo donde sembré árboles, plantas de granada y rosales rojos, hace nueve años, me formé en la fila.
Algo estaba mal.
- apúrate Federico – le gritaban al despachador.
De pronto, recordé que anoche andaban dándole una recortada a mi árbol; no sé de qué especie es; solo sé que tiene una sombra hermosa y que allí habitan muchos pájaros.
Hay vida. Libertad. Es frondoso. Verde que se mueve. Sentí una punzada.
Un hombre de mantenimiento le estaba recortando las ramas. Vi llegar a la jefa de seguridad y custodia con otro machete. Salí de la tienda.
- ¿ A donde vás guey ? ya sigues
- Ten - extendí mi moneda de 10 pesos a una morena que vive en el dormitorio 4 -. Comprame diez huevos por favor.

Salí y brinqué a la explanada de un metro de altura, por unos cuatro de ancho, que mantiene la estructura del edificio. Antes de brincar, ví que mi árbol ya no estaba. Llegué con pasos rápidos. Y lo ví macheteado, casi muerto.
Lo talaron brutalmente. Le arrancaron casi todos los brazos, nidos tirados. Plumas de pájaros esparcidas por doquier. Animalitos deambulando, sin encontrar refugio. Aves que están el las púas del alambre, esperando, como preguntándose qué sucedió con sus casas, con sus huevecillos.

Estoy llorando de tristeza; lo único que, aquí en la carcel, debe uno de sentir.
Ya no me cobijará su sombra; ni a mí, ni a Silvia, Ana, Adriana, Carmen y Miriam, que solían pasar la mayor parte del día al cobijo y abrigo de sus ramas.
Y a no veré moverse sus hojas al compás de la música salsera que suelen poner las chicas en la parte superior de la explanada del auditorio.
Lo sembré con amor a la vida y la naturaleza. Cuidé sus primeros cinco años. Lo regué y lo aboné. Creció hermoso, verde frondoso, y ayer lo mataron.
Es como si me hubieran arrancado un pulmón. De por sí, ya casi no puedo respirar, me ahogo en este mar cada vez más negro; como el uniforme de los custodios, con sus botas negras. Ya no vendrán los pájaros de colores o mi petirrojo ni el amarillo que canta tan bonito.
Ahora solo veré Urracas, que vienen y van y no hacen nido. Su color es similar al que usan los de la PGR y los Grupos Especiales.
También mis noches se empiezan a uniformar de negro. Negro. Ya ni en beige voy a poder soñar.
Llegó la morena y me dio los huevos.
- Fueron siete varos, Sarita. No llores Guey. ¡ Qué chinguen a su madre estos
Culeros ¡ No llores. Te chingaron tu arbolito; pero mira, tiene ramitas abajo.
- Igual crece, igual no – le dijé.
Tomé los huevos y me puse a cocinar. Tengo un nudo en la garganta. Creo que no
Podré comer.
Pensé que todo terminaría con la muerte de mi árbol. Me equivoque. Jamás he visto crimen más cruel que el día de hoy. Todo transcurrió durante el horario de la visita familiar, entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde .
Subí de la sala de vivistas con las cosas que me había traído mi prima lulú: La comida de thabata, papel de baño, pasta dental, crema para el cuerpo, y otras cosas más. Estoy muy enojada. He llorado horrores.
Hoy machetearon las raíces de de casi todos los árboles – salvo uno ó dos – y plantas del área del dormitorio 4 y 5. A todos los sembré y cuidé desde hace más de 11 años. Nunca mi mente pudo imaginar más daño a la naturaleza. A la necesitada naturaleza de un lugar tan árido. Seco y oscuro.
Mataron lo poco vivo que existe del lado de las chavas que más lo necesitan. Ahora sí terminaron por matar la paz, la tranquilidad que dá ver un poco de verde, de colibríes que vuelan presurosos de flor en flor. De volver a mirar un atardecer naranja sobre el árbol de duraznos, en su segundo año fértil. Mararon la alegría y el jugueteo de las aves, sus trinos, por las mañanas, al levantarse el sol.
Cuando subí a dormitorios, ví el mar negro que estaba en medio de la tormenta de tierra. Cuanta tierra. Se me estrujó el corazón, el estómago se me fue a la espalda, con dolor agudo cuando ví las ramas tiradas en el pasillo y una y una parte del pequeño jardín, al lado del auditorio, antes de llegar a la tienda.
Y ví que venían arrastrando más del dormitorio 5. Aventé todos los objetos que me había traído mi visita. Lilia mi compañera de estancia me vió
.- ¿ Por que lloras ?- No pude contestar. Se me quebraba la voz, nada podía decir ante tal masacre. Fue Marimar, la witch, la que me ayudó con las cosas y las llevó al dormitorio. Saqué una moneda de mis pants y se la di, sin dejar de ver por el pasillo, el arrastre de los brazos y cuerpos de mis árboles.

- Sarita, yo no los ayudé. Son las chivas, las borregonas, que andan con el machete.
- Ya sabes, son las que quieren quedar bien con la jefa- Me dijo Rosa.
Uh, Manita, la neta, la jefa Ángeles era chida en ese pedo del respeto a las plantitas. A ésta le vale madres.
- Quesque para que se vayan las ratas.......
- Nel guey, es que le dijeron que se guardaba droga entre los árboles. Y que los manda cortar la cabrona.
- Chales, cómo son cúleras ustedes. Ahí andaban de huele colas también y ahora le dicen a Sarita, mi ticher, quesque no fueron a machetiar.
- Nel, cabrona. Nosotras no andábamos de culeras. Neta, por esta cruz, Sarita. Te lo juro. Yo no quise.
- Ni yo, manita. Tampoco rosa. Ella estaba conmigo, ¿ verdá ?
- Sí, Yo no corté nada. La jefa nos dijo que nos regalaba un yogourt, pero le dijimos que no. Chale, mira cómo se ve todo. Bien gacho.
-
Yo no paraba de llorar. Era como si las escuchara desde muy lejos. Preguntándome si de verdad había alguien que sintiera todo lo que yo sentía. Alguien más de entre las 500 cabronas que nos encontramos aquí, pensando igual que yo y pensar que nos están quitando lo poco vivo que puede haber aquí. Sé que debemos ser castigadas. Sé qué estamos aquí para hacernos pagar un crimen; lo hayamos cometido ó no. Sé que no tenemos derechos. Que no debemos hablar. Estamos pero que en los panteones. Allí las tumbas tienen flores ó las guarece algún árbol. Aquí no. Ya no va a ser posible.
Tal vez una flor de plástico adornará nuestras criptas.

Hoy tiraron la mitad de esperanza, de libertad, de existencia vital. Quieren tirar la otra mitad. La que corresponde a dormitorios 1, 2 y 3. Donde están mis ciruelos, mi peral. Mis Bugambilias, Mis laureles. Mis Hortensias.
Mañana querrán machetear mis sueños, ilusiones. No sé que voy a hacer. Caminaré por los pasillos, sin voltear a mirar los jardines. Caminaré por la larga tira de cemento gris y ladrillos oscuros, café y ocre.
Caminaré recordando el comentario de la comandante.

- Ay Sara, no exageres. Además, ésta no es tu casa.

No, no es mi casa. Pero llevo más de doce años viviendo aquí. De andar viendo quien nos regalaba plantas, césped, arbolitos para darle vida a un lugar tan frío.

Dentro de mi dolor, me doy cuenta de una preciosa ironía:

“ Nuestro Presidente Fox salió a sembrar árboles;
lo ví en la televisión. Hoy es Día Internacional del Árbol. “


Texto tomado del libro:
" MUJERES DE ORIENTE "

EDITORIAL COLIBRÍ..El Arte de Leer.

Previa Autorización de SARA ALDRETE.
EDITORIAL COLIBRÍ
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