RELATO CORTO ESCRITO POR SARA ALDRETE
CONTENIDO EN EL LIBRO:
" MUJERES DE ORIENTE "
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Al leer este pequeño relato de Sara, el lector se verá transportado hasta un mundo desconocido, vibrando y sintiendo el mundo de cada día con otra percepción.......
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DISFRUTAR DE MIS NOCHES
Sara Maria Aldrete Villarreal
Parece ilógico dormir cuando te han robado tu intimidad, te han arrancado de tu soledad, te han pisoteado tus sueños y pateado tus fantasías. Con un “ Ubicaté”. “ Parence”. “ Cateo”.“ Señoras Arriba”. “ Arriba todas”.
Así está cabrón poder soñar, regreso al colchón hundido, no solo por el peso del cuerpo sino por el paso del tiempo y los sueños contenidos. Está cabrón retomar el sueño, ese momento de libertad donde corres y hasta vuelas en lugares insospechados. Retomar el momento donde andabas de compras, escogiendo ropa de muchos colores. Olvidandote del beige nuestro de cada día. Amén.
Aquí se vuelve lógico lo ilógico. Lo lógico es no dormir. Pestañear. Moverse un poco en la cama. Abrir los ojos y ver a los cinco ó seis colchones en el suelo y pensar
“ Quiero ir al baño” y planear el malabar de las piernas para sortear los colchones. No molestar a las compañeras, aún cuando tábatha maúlle al verme y me espere fuera del sanitario, hasta volver a la cama.
En la noche los sonidos son más acentúados. Ruidos fantasmas. Voces desconocidas que se vuelven un juego Madrugal. Uno trata de ubicar a quienes pertenecen.
Los gritos y, sobre todo, los correteos de las botas de las custodias resguardándose de las 100 ratas de cuatro patas que andan sueltas por la noche. A las ratas de dos patas nos guardan a las 9.30 de la noche. Aquí no asaltan en oscuros pasillos, en callejones ó en grandes avenidas de la ciudad. No asaltan, pero las custodias bien que saltan al ver las ratas. Y entonces, me llega el dulce sabor de la venganza en la boca, a la hora en que debería de estar más amargada por toda la bilis contenida del día.
Empiezo a soñar despierta: las custodias son perseguidas por mil ratas grandes, gordas y fieras.
Tienen hambre de custodia. Las corretean por los pasillos y las gigantescas ratas salen de todas partes.
Las tienen copadas.... de pronto escucho una sirena en medio de los gritos y el correteo.
Nunca en mis años de libertad, le puse atención al sonido de una sirena. Pero tantos años de encierro me ha dado por atender a la serenata de la sirena de las ambulancias en la avenida fantasma, frente al reclusorio. La sigo, la sigo hasta que desaparece de mis oídos.
Tambien escucho el sonido de los aviones que sobrevuelan la ciudad, ya entrada la noche. Es como si pudiese ir a cualquier lado del mundo montada en ese dragón alado y sentir el viento en la cara hasta casi no respirar.
También sigo escuchando, sin oír, alguna celebración enfrente del reclusorio. Por ejemplo, recuerdo los quince años de rosita: estuvo buena la fiesta.
Le cantaron las mañanitas y le trajeron un sonido que tenía muy buen repertorio musical.
Hasta tocaron una salsa que es la más bailada entre las salseras del oriente:” Pa´la Paloma “. pa´la paloma, paloma, paloma, paloma. Vuela, paloma, palomita, mi palomita. Piche Rosita, se la pasó padrísimo.
Le aventaban porras a cada rato.
Y hasta quién sabe quién jodidos se atrevió a cantar, que voz tan mala. Me aventé la fiesta de Rosita como hasta las cinco de la mañana. Dormí un rato y dieron las siete.
Escuché el movimiento de la puerta cuando quitan el candado para que las chicas salgan a hacer la fajina.
Después de hacer una hora de fila en la regadera, me metí a bañar con agua congelada, ni siquiera tibia. Y de pronto me encontré tarareando una melodía de la fiesta de Rosita. Y así como la de ella hay muchas fiestas a las que no soy invitada, pero de todos modos ando por ahí.
Dentro de mi ilógica quiero dormir.Fuera de mi lógica, no puedo hacerlo: necesito disfrutar de mis noches.
SARA ALDRETE
Relato Corto tomado para su publicación del libro:
“Mujeres de Oriente “
previa autorización de Sara Aldrete
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